The Wall
David Gilmour, el gordito lindo.
A quien supo ser un gran amigo y compañero.
Voy a empezar a escribir de nuevo (lo pensé y ya lo estoy escribiendo) qué copado sería si pensara: "Tengo que leer para mi formación docente" y ya pudiera estar con las fotocopias de los textos en la mano.
Son las 2:41 a.m. de un lunes que pinta que estará nublado y lluvioso.
En mis neuronas aparece el cómo los textos que trabajamos en el Instituto se vuelcan en mi conducta diaria. Althusser, Marx, no sé Michel Foucault, Engel, Paulo Freire, Myriam Nemirowski -por nombrar algunos-.
De la nada me pinta entrar a google y buscar otros textos porque amo las palabras y disfruto de cada lectura. Acá aparecen Bukowski o Galeano o quizás otros autores que navegando y navegando los encuentro y ya no puedo dejar de leerlos.
En fin.
En este momento sentir que soy alguien -aunque anoche haya salido y me haya olvidado del 50% de las cosas que hice o dije- me alivia casi nada.
Debería ir a morir y renacer luego.